El Drama del Abrazo

IMG_1279Cuando era niño una de las cosas más difíciles era pedir o dar perdón a mis hermanos después de haber hecho algo malo, o que me hicieran algo malo. Recuerdo que mi mamá me decía: “Pídale perdón a su hermano”, y luego me decía: “ahora déle un abrazo”. Por supuesto, no era fácil porque si hay algo que me caracteriza es ser un cabeza dura. Creo que la parte que más me molestaba del proceso que mi mamá nos enseñaba era la parte de abrazar de regreso cuando alguien me había hecho algo malo.

Hoy me doy cuenta que no soy tan diferente a cuando era niño. Es más, creo que ahora soy un poco más resistente al abrir mis brazos hacia otro, o en respuesta a otro. ¿Por qué? porque abrir los brazos nos lleva aun punto de vulnerabilidad. Esto me ha hecho preguntarme, ¿será que en Guatemala estamos dispuestos a abrazarnos para construir un mejor país? ¿Será que estamos dispuestos a perdonar a nuestros perpretadores? Miroslav Volf, en su libro exclusion and embrace habla de una teología que nos permite no sólo perdonar, sino que también abrazar a quien nos ha hecho daño. Es más, abrazar a nuestro enemigo. Volf le llama a este proceso el Drama del Abrazo. Este, se divide en cuatro actos.

En el primero, abro los brazos, espero, doy el espacio para que el otro se acrece, me pongo en una posición vulnerable dando al otro el poder total de decidir si acepta o no el abrazo. En este punto muestro mi deseo por el otro, es decir, mi deseo por incluir al otro en el acto redentor del abrazo. Así mismo, vacío mi ser de cualquier rivalidad y egocentrismo que pueda evitar mi aceptación del otro.

En el segundo acto, espero con los brazos abiertos. Éste es un punto crucial, ya que allí es donde pongo mi persona en la posición más vulnerable. De igual forma, abro un espacio para despertar el deseo del otro para formar parte de un acto co-creativo. Al mismo tiempo, reviso mis motivaciones y rechazo cualquier tentación de hacer violencia o de atrapar al otro. Permanezco con los brazos abiertos.

En el tercer acto, ambos cerramos los brazos. Tanto el otro, como yo, entramos en el proceso redentor de recibir el uno al otro. Este se convierte en un acto mutuo, en dos vías, ambos nos abrazamos. Lo más importante es que no nos fusionamos, permanecemos como individuos, como entes distintos que forman parte de una danza creadora y redentora al recibir el deseo mutuo de pertenecer a una nueva realidad creada al momento de unirnos y perdonar. Finalmente, en el cuarto acto, ambos abrimos los brazos una vez más. Volvemos al principio, porque el inicio de un abrazo es el final del mismo, dejar ir al otro.

Esto me ha hecho reflexionar de una forma muy profunda. Creo que dentro de todo lo que experimentamos en los últimos meses en Guatemala, especialmente el despertar de nuestros compatriotas, nos hace falta algo, abrazarnos. Necesitamos abrazarnos unos a otros para encontrar puntos de reconciliación y de humanidad que nos lleven a ser más nosotros. Es necesario que aprendamos a dejar ir el deseo de controlar al otro y de convertirlo a nuestra creencia. Se que falta mucho por hacer. Entiendo que es un proceso lento. Sin embargo, creo que es posible que nos encontremos a nosotros mismos en el proceso de aceptar nuestra diversidad religiosa, política, ideológica, étnica, y aún sexual. Por eso, cuando nos abrazamos participamos en un drama.


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