Hacia Una Presencia Radical

“La verdadera generosidad consiste precisamente en destruir aquello que causa y nutre una falsa caridad. La falsa caridad, de la cual resulta la mano extendida del “abandonado de la vida”, miedoso e inseguro, aplastado y vencido; mano extendida y trémula de los desharrapados del mundo, de los “condenados de la tierra”. La verdadera generosidad sólo se entiende en la lucha para que estas manos, sean de hombres o de pueblos, se extiendan cada vez menos en gestos de súplica, súplica de humildes a poderosos, y se vayan haciendo así cada vez más manos humanas que trabajen y transformen el mundo.”
Paulo Freire

Una de las cosas más difíciles que he encontrado en el trabajo con comunidades marcadas por la pobreza y violencia es el des-empoderamiento extremo. Este “des-empoderamiento extremo” viene de un sistema creado para tomar ventaja de los oprimidos y vulnerables de nuestra sociedad. Esta estructura maligna viene no sólo de aquellos que están en el poder gubernamental o empresarial. Viene también de aquellas instituciones que dicen trabajar por y para erradicar la pobreza. 

Las organizaciones que brindan asistencia y pseudo-desarrollo dentro de comunidades empobrecidas han creado un sistema dependencia enfermiza. Esta estructura funciona de tal forma que roba la dignidad de las personas quienes viven en pobreza, y ve como una mina de oro a las comunidades que estos individuos forman. Las personas se convierten en números y estadísticas que se miden por alimentos regalados por día, donaciones de ropa de segunda mano, y el número de casas que se construyen a través de algunos de los “programas altruistas” que funcionan a través de estas compañías que lucran del pobre.

A pesar de esto, es posible cambiar la forma que este sistema usa para relacionarse y trabajar con sus clientes y beneficiarios. Si tomamos el simple uso de la gramática española, podríamos transformar nuestro actuar desde nuestra forma de pensar. Por ejemplo, si tomamos tres simples preposiciones “por, para y con” notaremos que hasta la forma en que hablamos es un reflejo directo de nuestra práctica. Si hacemos las cosas “por” la gente, entonces generamos una relación paternalista y opresiva. Si hacemos las cosas “para” las personas, entonces creamos una relación materialista y co-dependiente. Pero, si hacemos las cosas “con” la comunidad, entonces cambiamos la dinámica de poder estando todos al mismo nivel.

El problema es que “por” y “para” son mucho más fáciles de medir y promocionar, puesto que hacen sentir bien a quien trabaja en el servicio directo, y a quienes financian dichos programas. Mientras que el “con” lleva mucho más trabajo, resultados a largo plazo, y mediciones no instantáneas. Además, el “con” requiere que confiemos en las personas con quienes trabajamos; hace que nos apoyemos el uno al otro para así salir adelante en comunidad. Es más, el “con” contiene un elemento encarnacional que nos lleva a desarrollar una presencia radical entre aquellos quienes han sido marginados por la sociedad. Este componente encarnacional nos lleva a relacionarnos de tal forma que los vínculos creados se vuelven divinos. Dios mismo, habitó con y entre nosotros. Ese es el escándalo de Emanuel, Dios “con” nosotros.

Así que, la próxima vez que iniciemos un proyecto o pensemos en ayudar a una comunidad en pobreza, hagámoslo “con” la gente. Así, y sólo así, podremos eliminar las causas de la “falsa caridad” que matan y deshumanizan a nuestros congéneres que viven en situación de pobreza. Sólo así podremos caminar juntos hacia una presencia radical en donde trabajamos.


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