Queremos ser exclusivos!

IMG_2783Recibir gracia de alguien que uno no espera es uno de los regalos más grandes que cualquier persona puede recibir. Especialmente, cuando esta gracia viene de lugares o personas que uno ha juzgado, y en muchas ocasiones rechazado. En mi caso, experimenté la gracia de un grupo de personas a quienes se me enseñó a marginar. Si, digo: “se me enseñó a marginar”, porque la forma en la que fui criado y enseñado teológicamente me decía que hay personas más, o menos merecedoras de la gracia que otras.

No haré mención del grupo específico al que me refiero, puesto que para muchas personas esto sería inmediatamente una excusa para no seguir leyendo. Sin embargo, lo importante es que quien lea esta pequeña reflexión ponga en ese grupo excluido a las personas que vengan a su mente. El punto es, recibí gracia de quienes menos lo esperaba, y estas personas fueron quienes abrieron las puertas de su casa, su corazón, y sus familias cuando me encontré en un lugar foráneo. Mientras algunos me llamaron minoría, mojado, y hasta “indio”, cómo que si lo último fuera un insulto cuando realmente es el uso ignorante de un término que ha sido utilizado para oprimir a otros, estas personas me amaron y caminaron conmigo.

Esta experiencia me ayudó a darme cuenta que quien decide si alguien está dentro o fuera de mi club religioso soy yo. Gracias a estas personas, a quienes rechacé en un principio, puede aprender que hay otra forma de relacionarme con otros. En el libro The Shaping of Things to Come Alan Hirsch y Michael Frost presentan dos tipos de comunidades que se forman a partir de mis percepciones teológicas. La primera es una comunidad delimitada, bounded set community. En este tipo de comunidad las personas que la integran ponen ciertos límites morales que inmediatamente definen quienes están fuera o dentro de dicha comunidad. Este tipo de comunidad se caracteriza por tener límites bien definidos, es fácil de medir, y busca adeptos que acaten las restricciones que definen a dicho grupo de personas. Esto quiere decir que es fácil decidir quienes están dentro o fuera.

El segundo grupo es la “comunidad centradora”, centered set community. Este tipo de comunidad se caracteriza por tener miembros que tienen una dirección común hacia donde apuntan, sea que estén cercanos o lejanos del centro. Lo anterior implica que la distancia del centro no es lo que dicta la pertenencia de los individuos a dicha comunidad. La dirección a la que apuntan es el punto de pertenencia. Esto último crea un dinamismo y diversidad única dentro de este grupo de personas.

La gracia que recibí de las personas a quienes hice referencia al inicio de esta reflexión me incluyó en una comunidad que se define por un centro en común. En mi experiencia el centro se Llama Jesús, y este centro hace que su espíritu se mueva libremente tanto en las personas que están más cercanas al centro, como en los individuos que se encuentran más alejados del el mismo. Ahora bien, no puedo decir que soy la mejor persona para hablar de este tema, ya que muchas veces pongo límites que terminan alejando a otros del centro. Sin embargo, si estoy consciente de que debo apuntar al centro, entonces la comunidad se encarga de recordarme que los límites no son el centro en sí. Sólo si estoy dispuesto a botar las barreras y límites que he puesto para que otros se acerquen al centro, entonces podré apuntar a otros sin importar su credo, estrato social, cultura, y aún orientación sexual. El punto no es, entonces, buscar adeptos a al centro, sino apuntar juntos hacia el centro cuya fuerza de atracción es mayor a los límites que cualquiera pueda poner.


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