Una lección en humildad y amor

“Bueno, quiero que copies las vocales y despues escribas tres palabras que empiezen con ‘a’,” le dije a Nicol, una niña de 7 años. “Regreso en unos minutos para ver como vas.”

Mientras estoy ayudando a los otros estudiantes, veo que Madelin, otra estudiante, camina al lado de Nicol. Madelin ha ayudado a los estudiantes con su tarea porque es muy amable e inteligente. Pensé que Madelin estaba repetiendo lo que había dicho para que Nicol pudiera entender. Cuando regresé al lado de Nicol, vi que ella todavía estaba copiando las vocales pero las palabras que empiezan con ‘a’ ya estaban escritas. Deducí que Madelin probable le ayudó porque es normal que los estudiantes ayudan a sus amigos. Miré a Madelin con una mirada de sospecha y le pregunté, “Quién escribió estas palabras? ¿Ella o tú?” Madelin admitió que fue ella que escribió las palabras. Le dije a Madelin que Nicol tenía que hacerlo para que pudiera aprender. Con mucha madurez, Madelin se acercó e hizo señas para ponerme en su nivel. Cuando lo hice, ella puso sus manos alrededor mi oído y susurró, “Seño, es que ella no sabe como escribir.”

Wow. Me quedé sin palabras y avergonzada. Yo estaba tan agrecida que Madelin tuvo la madurez para defenderse con un susurro en vez de gritar enfrente de todos que Nicol no sabía como escribir, evitando avergonzar a Nicol y a mi. Yo sabía que muchos de los niños no pueden leer ni escribir pero no me había dado cuenta que Nicol no me diría que no podía hacer algo que le dije que hiciera. Ella hizo lo mismo que yo hago cuando no entiendo algo en español y no quiero pedir que la persona lo repita. Hago lo mismo que hace Nicol: sonrio y asiento mi cabeza con la esperanza de que no tenga que mostrar mi ignorancia.

Me sentí terrible y traté de animarla pero no me miraba mucho y me sentí como si le fallé a ella. Después de un rato, sentí dos brazos alrededor mis piernas, una sensación que tengo muchas veces cada día porque los niños son muy amables. Cuando miré, vi a Nicol dándome ese abrazo. No se si ella estaba perdonándome por mi ignorancia hacia ella o si era solo un acto para mostrar su amor hacia mi, pero fui tan feliz de todos modos al recibir su abrazo.

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Nicol no es la única estudiante que parece quererme a pesar de mis fallas con el español, al enseñarles y al no quererlos como debo. Aunque el coro de “Seño Carla, Seño Carla” es un poco irritante a veces, yo sé que es porque los niños me quieren y confian en mí, la gringa, aunque solo llevo aquí por unos meses. Ellos tienen un amor incondicional que puede perdonar mis fallas. Creo que por eso Jesus dijo que el reino de Dios es para los niños porque tienen un amor que refleja el amor incondicional que Dios tiene para nosotros. Que bendición poder recordar todo esto por los abrazos de niños.

Carla Landhuis
Interna con CMT Guatemala, enero-mayo 2013


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